“Cuando los estudiantes están en terreno comienzan a comprender de una manera muy concreta el impacto que puede tener su profesión en la vida de las personas”.
Fecha: 12 de agosto 2026
Las intensas lluvias que han afectado al norte de nuestro país, encendieron las alertas y la preocupación de los Médicos Veterinarios de la Pontificia Universidad Católica de Chile y sus estudiantes, ya que los animales, principalmente caprinos y ovinos, así también como las familian que los cuidan y crian, han sufrido por estos cambios atmósfericos.
A la fecha, en Combarbalá, zona rural ubicada en la Región de Coquimbo, este grupo de profesionales y estudiantes, que hace más de un año han participado en operativos veterinarios voluntarios en sectores rurales de Illapel, particularmente en La Aguada, han atendido a más de 6 mil animales, administrándoles vitaminas, vacunación anticlostridial y atención de problemas específicos, además de otras lesiones encontradas durante las visitas, generadas principalmente por el intenso frío y la falta de alimento.

“La emergencia ocurrió además en plena época de partos. Las cabras en las últimas semanas de gestación tienen mayores requerimientos energéticos y, si no pueden alimentarse adecuadamente, aumenta el riesgo de abortos, problemas posteriores en las madres y disminución de la producción de leche. Esto tiene un impacto directo sobre las familias, porque para muchos crianceros la leche de sus cabras y la producción de queso constituyen una fuente fundamental de ingresos”, destacó el Dr. Cristián Álvarez, académico de la Escuela de Medicina Veterinaria UC.
Este tipo de operativos son, además, una oportunidad para hacer educación sanitaria, así lo explica el docente, ya que se conversa con los crianceros sobre prevención de enfermedades y las medidas que permiten proteger tanto la salud animal como la de las familias. Por otro lado, detrás de la cifra de animales atendidos existe un trabajo físico considerable. Cada cabra u oveja debe ser contenida y atendida individualmente. “Es un esfuerzo de equipo en el que participan estudiantes, médicos veterinarios y los propios crianceros, muchas veces durante varias horas continuas”, agrega el Dr. Álvarez.
¿Qué los motivan a acudir a estas zonas rurales?
Mi principal motivación es que nuestros estudiantes comprendan que la Medicina Veterinaria tiene también una profunda responsabilidad social y territorial. Quiero que conozcan una realidad que es muy difícil transmitir completamente dentro de una sala de clases. Trabajar en terreno les permite aprender a comunicarse con los crianceros, escuchar antes de proponer soluciones, evaluar animales en condiciones muy distintas a las de una clínica, priorizar problemas y trabajar con los recursos disponibles.
Quiero que comprendan desde su formación que ser médico veterinario también significa estar disponible para trabajar donde existen necesidades urgentes y reales.
¿Cuál ha sido la recompensa personal y profesional de liderar esta iniciativa?
A nivel personal, siento que uno siempre recibe más de lo que puede entregar. La forma en que las familias nos reciben, su sorpresa al saber que hemos viajado desde Santiago y que los estudiantes vienen voluntariamente a trabajar con sus animales es muy reconfortante. A nivel profesional, una de las mayores recompensas es ver el compromiso de los estudiantes. Los veo trabajar durante horas, contener animales, conversar con los crianceros, escuchar sus historias y asumir responsabilidades. En terreno comienzan a comprender de una manera muy concreta el impacto que puede tener su profesión en la vida de las personas.
¿Se puede transformar Chile a través de iniciativas como esta?
Estoy convencido de que sí. Para mí, transformar Chile también significa disminuir la distancia que todavía existe entre las universidades y muchos territorios rurales. Desde la universidad podemos aportar conocimiento, investigación, estudiantes y capacidad técnica, pero las comunidades tienen algo igualmente importante: un conocimiento profundo de su territorio, de sus animales y de actividades productivas que han desarrollado durante generaciones. Cuando ambos conocimientos se encuentran y somos capaces de escucharnos y construir confianza, podemos generar soluciones mucho más pertinentes y sostenibles.
El equipo de voluntarios está compuesto por Lucía Peters, médica veterinaria de la primera generación de la Escuela de Medicina Veterinaria; Sofía Leiva, estudiante de internado; los estudiantes de cuarto año Amparo Anguita, Isidora Rosales, Gabriela Correa, Camila Valenzuela y Matías Gatica; de tercer año Borja Díaz, Fernanda Rojas, Pía Levio y Camila Shultzky; y de segundo año Joaquín Dinamarca.