La Dra. Catalina Castaño, Psiquiatra Infantojuvenil y Magíster en Psicología Clínica de la Escuela de Medicina UC, nos entrega una retrospectiva de lo ocurrido durante la pandemia con los niños, niñas y adolescentes (NNA), y recomendaciones para el retorno al período escolar.

Durante la pandemia varias actividades pasaron a ser no presenciales; una de ellas fueron las clases en los colegios. Durante el año pasado, y con la reducción de las medidas de restricción, volvió la presencialidad a los colegios. En dicho contexto, varias organizaciones educativas pidieron ayuda al área de asesorías y servicios de la Escuela de Medicina para guiar y apoyar a la comunidad escolar (docentes, paradocentes, apoderados)

Creo que lo que afectó a todos durante la pandemia fue la necesidad de llevar el colegio a casa, lo cual generó una mezcla poco saludable entre el espacio de trabajo y descanso. Esto produjo una disminución en la atención de los niños, ya que al no tener el ambiente adecuado para aprender (con sus profesores, compañeros y escritorios), les resultaba más fácil distraerse con otras actividades como ir al baño, quedarse acostados en la cama o jugar en línea. Como resultado, cuando los estudiantes regresaron al colegio, tuvieron dificultades para adaptarse al ambiente de la sala de clases y algunos mostraron comportamientos problemáticos. Además, la situación de aprendizaje remoto llevó a una “horizontalización de los roles”, lo que puede ser complicado en una sala con muchos alumnos.

Otro problema que surgió durante este periodo fue el aumento en el uso de celulares en la sala de clases. Si bien este es un problema que ya existía antes de la pandemia, su prevalencia aumentó debido a la disminución en la capacidad de atención de los estudiantes durante el periodo online.

Lamentablemente, también hubo un aumento en la violencia entre los estudiantes y hacia los docentes. Esto se debió probablemente al periodo de baja socialización que se presentó y la pérdida de la costumbre de cumplir las normas de la sala de clases.

Además, se observó un incremento en los casos de ansiedad, crisis de pánico, depresión, autoagresiones e ideación suicida entre los estudiantes. En particular, este fue el problema que más preocupó y para el cual se solicitó más ayuda, ya que requiere de un manejo más especializado que los profesores y administrativos de los colegios no suelen tener.

Finalmente, muchos estudiantes iniciaron la pandemia durante la etapa de la pubertad, lo que significa que experimentaron cambios físicos y de desarrollo importantes. El hecho de haber tenido que pasar largos periodos de tiempo solos y luego regresar a la escuela resultó muy estresante para muchos de ellos, con inseguridad respecto a cómo se veían y cómo se sentían.

Durante 2022 se ha hablado de los impactos de la pandemia -y sus restricciones- en la salud mental de NNA, ¿cuál es su opinión al respecto? ¿Cuáles son las principales problemáticas? ¿son permanentes? ¿Qué recomendaciones sugiere para abordarlo?

Durante la pandemia, la mayoría de los niños no sufrieron secuelas significativas, sin embargo, ciertos grupos de riesgo experimentaron efectos negativos. Estos grupos incluyen a niños que viven en hogares con violencia intrafamiliar, aquellos que tuvieron poco o ningún contacto con otros niños, y aquellos que se cambiaron de colegio y no pudieron conocer a sus nuevos compañeros. También hubo un aumento en los casos de trastornos de conducta alimentaria en relación con el uso creciente de las redes sociales y las aplicaciones asociadas a ellas, mientras que en niños más pequeños se observó un leve retraso en el lenguaje y en el logro de ciertos hitos del desarrollo.

Con la vuelta a clases, algunos adolescentes presentaron fobia escolar, los niños más pequeños experimentaron ansiedad por separación ya que se habían acostumbrado a estar en casa con sus padres y presentaron dificultad para regresar al colegio. Es difícil predecir el impacto a largo plazo de lo que sucedió, ya que no hay precedentes para esta situación. Sin embargo, es importante tener en cuenta que los seres humanos nos adaptamos a los cambios y los niños son particularmente plásticos durante su desarrollo, por lo que hay ciertas habilidades que pueden adquirirse o recuperarse en un período de tiempo amplio.

Para recuperar lo que puede estar deficitario, se pueden implementar estrategias como estimular la socialización a través de la incorporación en grupos deportivos o de scouts, retomar las rutinas y horarios de comida y sueño, y regular el uso de dispositivos electrónicos, especialmente por la noche. Es esencial buscar formas de ayudar a los niños a adaptarse a la nueva realidad y apoyar su bienestar emocional y mental.

Sabemos que el desarrollo de los NNA incluye distintas etapas y momentos críticos; uno de los más conocidos son los cambios de la adolescencia: ¿qué recomendaciones podría entregar a padres, apoderados y docentes en contexto al regreso a las clases presenciales?

En general, mantener una buena comunicación con los adolescentes es importante, buscar puntos en común y establecer reglas claras. Cada padre debe reflexionar sobre lo que es más importante en su contexto y qué cosas pueden ser más flexibles y discutibles con el adolescente.

En cuanto al uso de pantallas, es importante regularlo durante la noche para garantizar un buen descanso y también discutir sobre el uso del celular durante el tiempo en el colegio.En el caso de padres y profesores que interactúan con adolescentes, es importante ser conscientes de las consecuencias que se plantean si no se cumplen las reglas. Estas consecuencias deben ser proporcionales a lo ocurrido y reales.

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Es importante estar pendiente de los signos de alarma que puedan indicar problemas emocionales o de salud mental en los NNA. La presencia de estos por un día o dos puede ser normal si hay una causa clara, pero no si persiste durante al menos un mes. A continuación, se mencionan algunos de ellos:

  • Cambios repentinos o inusuales en el comportamiento o estado de ánimo.
  • Malhumor e irritabilidad frecuente.
  • Períodos prolongados de tristeza o falta de interés en actividades que antes eran placenteras.
  • Caída repentina en el rendimiento escolar.
  • Aislamiento social y pérdida de interacción con los demás.
  • Cambios significativos en el peso, tanto pérdida como aumento.
  • Problemas para conciliar el sueño o sueño excesivo.
  • Dificultad para concentrarse y mantener la atención.
  • Comportamientos autodestructivos, como lastimarse a sí mismo.
  • Interés prolongado en la muerte o el suicidio.

Es posible que no sea fácil encontrar una cita con un psiquiatra infantil, pero los padres pueden acudir a psicólogos o médicos familiares, quienes pueden orientarlos sobre los pasos a seguir. En cualquier caso, es importante no ignorar estos signos y buscar ayuda profesional si se identifica alguno de ellos en un NNA.

Desde “Asesorías y Servicios” de Escuela de Medicina, contamos con la expertiz del cuerpo académico UC para dar respuesta a la gestión de riesgos en salud mental, realizar programas de parentalidad positiva, asesorar a instituciones en la difusión de la salud mental infanto juvenil, entregar orientaciones y desarrollar actividades para la protección y cuidado de la salud mental en contextos escolares, entre otros.

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